
Hoy venía caminando al laburo...plácidamente, pacientemente.
Recorrí las diez cuadras que separan mi casa de la Agencia escuchando música y cada tanto, me miraba los pies y esquivaba algún pozo y/o imperfección de la vereda.
Siempre me gustó La Plata porque tiene veredas grandes y cómodas...aunque la gente se choca igual, como si fuera una apretada vereda del microcentro porteño.
El punto es que miraba mis pies, cada tanto, para no caerme ni pisar un charco de la tormenta de anoche...y en eso hice un descubrimiento colosal (cómo me gusta esa palabra), sí, sí COLOSAL...
Debo apoyar más fuerte el pie derecho cuando camino:siempre se me rompen más los zapatos de ese pie, siempre tengo más ampollas y me duele más que el izquierdo.
Pero no feliz con eso, descubrí que mi pie derecho tiene una extraña habilidad, un imán que descubre todas y cada una de las baldosas flojas de una vereda...
Eso no estaría nada mal, si por lo menos impidiera que las pisara...
Siento que juego a la rayuela con las baldosas flojas, pero no evitando pisarlas, sino pisándolas todas y salpicándome como una estúpida.
FUCK!